Osvaldo Soriano
Excelso narrador del fútbol y sus pasiones
Osvaldo Soriano es al periodismo deportivo lo que Diego Armando Maradona es al fútbol. Dos genios, uno con la pelota y el otro con la pluma. Admirados en el mundo entero, reconocidos en su tierra mas siempre criticados por sus locuras. Los sabios recorren los caminos que los locos abren. Paradigmas en los recambios de sus actividades. No son los primeros de su especie ni serán los últimos. Marcaron generaciones. Ídolos de ídolos. Pocos se atreven a compararlos con sus símiles. Enaltecidos por sus admiradores y odiados por sus detractores. Uno escribe del otro y a él le queda tan bien como la gambeta de éste en la cancha. Si la poesía es realizable entre regates Maradona es un poeta y si está retratada a la perfección por un cronista éste es un artista. Sólo Soriano. Por algo sus libros me los dieron a leer casi todos los años de la carrera de periodismo por profesores de distintos ramos y gustos. Muerto en enero del 97 de cáncer al pulmón, ese día “El destino una vez más rayó la cancha y el fútbol perdió para siempre a uno de sus mejores narradores”.
Una pasión. Un suspiro parece ser lo que relata Soriano en su cuento “La observación de los pájaros”. Ese instante en que se detiene el tiempo y el espacio en todos lados, transcurriendo segundos sólo en el rectángulo de pasto que forma la cancha de fútbol. Puede ser cualquier clásico, sin embargo Soriano eligió a leprosos y canallas, hinchas de Newells Old Boys y Rosario Central, para encarnar ese sentimiento único que genera el partido con tu más odiado rival. Sin puntos apartes, sólo algunos seguidos y comas por doquier que intentan acompasar el momento de vértigo, de contener la pasión hecha cuento y tratada de expresar en el papel. Porque las letras de Soriano parecen un concierto de emociones, de sentimientos del momento, de un día normal sólo interrumpido por el evento del año por el que al día siguiente la marraqueta amanece menos dura y el té más dulce. Momento que hasta los pájaros parecen entender y observan dejando su habitual tranquilidad. Por lo menos la semana previa y la siguiente sólo se habla de ello y en el momento mismo se produce un silencio tenso de espera. Al sonido del pitazo final, alarde de sensaciones, dos posibilidades: tristeza y enfado o felicidad absoluta. Cómo cambia el ánimo ese momento. Quién lo ha vivido lo sabe. Si no lo sientes no lo entiendes. Cómo duele o cómo alegra.
“Maradona sí, Galtieri no” parece ser un típico cuento nacionalista que mezcla política y deporte para con las victorias de uno sobrellevar las derrotas del otro. No se aleja tanto el análisis de la realidad a no ser por que se trata de uno de los países más pasionales del mundo: Argentina. Lugar que cuenta entre sus hijos pródigos al “D10s del fútbol”. El momento que describe magistralmente Soriano en su relato es cuando años después de perdida la guerra con Inglaterra vence a su archienemigo en el mundial de fútbol. Cómo Soriano logra ejercer una asociación entre el General Galtieri, responsabilizado por los argentinos de la pérdida de la guerra de las Malvinas, con el Diego, es sólo plausible por su prosa tocada por la varita mágica de la literatura. La crónica queda maestra y hasta se hace menos dolorosa la derrota en la guerra. Bonos agregados parecen ser la muestra de la sociedad y el acontecer diario del vivir trasandino, como se amparan en líderes y en simbolismos –ejemplo la Marsellesa cantada con la letra de la marcha peronista-, y por último, la linda sensación que da el fútbol de devolverle la sonrisa a un pueblo regado de tristeza. Algo que se mantiene hasta hoy.
“El penal más largo del mundo” es una crónica que puede ser reportaje periodístico o cuento fantasioso. Aunque de verdad da lo mismo, pues la prosa maestra de Soriano permite que sea cualquiera de las dos cosas. Descrito con una precisión asombrosa en minutos, momentos y lugares, detalla el instante preciso del nacimiento de un ídolo y de cómo surge de una situación extraña e inimaginable... Aunque posible. Obra de arte de principio a fin que retrata la concepción de un héroe mítico narrando su surgimiento, aventura y decaimiento (iniciación-prueba y regreso) tal como si tratase de un relato caballeresco. Todo ambientado en una final de campeonato regional que se suspende justo en el último minuto con un penal por patear que podría variar al vencedor. Pasan las horas y el penal se tira. Se termina el relato dos años después con el ocaso del ídolo del día del penal más largo.
Osvaldo Soriano es al periodismo deportivo lo que Diego Armando Maradona es al fútbol. Dos genios, uno con la pelota y el otro con la pluma. Admirados en el mundo entero, reconocidos en su tierra mas siempre criticados por sus locuras. Los sabios recorren los caminos que los locos abren. Paradigmas en los recambios de sus actividades. No son los primeros de su especie ni serán los últimos. Marcaron generaciones. Ídolos de ídolos. Pocos se atreven a compararlos con sus símiles. Enaltecidos por sus admiradores y odiados por sus detractores. Uno escribe del otro y a él le queda tan bien como la gambeta de éste en la cancha. Si la poesía es realizable entre regates Maradona es un poeta y si está retratada a la perfección por un cronista éste es un artista. Sólo Soriano. Por algo sus libros me los dieron a leer casi todos los años de la carrera de periodismo por profesores de distintos ramos y gustos. Muerto en enero del 97 de cáncer al pulmón, ese día “El destino una vez más rayó la cancha y el fútbol perdió para siempre a uno de sus mejores narradores”.
Una pasión. Un suspiro parece ser lo que relata Soriano en su cuento “La observación de los pájaros”. Ese instante en que se detiene el tiempo y el espacio en todos lados, transcurriendo segundos sólo en el rectángulo de pasto que forma la cancha de fútbol. Puede ser cualquier clásico, sin embargo Soriano eligió a leprosos y canallas, hinchas de Newells Old Boys y Rosario Central, para encarnar ese sentimiento único que genera el partido con tu más odiado rival. Sin puntos apartes, sólo algunos seguidos y comas por doquier que intentan acompasar el momento de vértigo, de contener la pasión hecha cuento y tratada de expresar en el papel. Porque las letras de Soriano parecen un concierto de emociones, de sentimientos del momento, de un día normal sólo interrumpido por el evento del año por el que al día siguiente la marraqueta amanece menos dura y el té más dulce. Momento que hasta los pájaros parecen entender y observan dejando su habitual tranquilidad. Por lo menos la semana previa y la siguiente sólo se habla de ello y en el momento mismo se produce un silencio tenso de espera. Al sonido del pitazo final, alarde de sensaciones, dos posibilidades: tristeza y enfado o felicidad absoluta. Cómo cambia el ánimo ese momento. Quién lo ha vivido lo sabe. Si no lo sientes no lo entiendes. Cómo duele o cómo alegra.
“Maradona sí, Galtieri no” parece ser un típico cuento nacionalista que mezcla política y deporte para con las victorias de uno sobrellevar las derrotas del otro. No se aleja tanto el análisis de la realidad a no ser por que se trata de uno de los países más pasionales del mundo: Argentina. Lugar que cuenta entre sus hijos pródigos al “D10s del fútbol”. El momento que describe magistralmente Soriano en su relato es cuando años después de perdida la guerra con Inglaterra vence a su archienemigo en el mundial de fútbol. Cómo Soriano logra ejercer una asociación entre el General Galtieri, responsabilizado por los argentinos de la pérdida de la guerra de las Malvinas, con el Diego, es sólo plausible por su prosa tocada por la varita mágica de la literatura. La crónica queda maestra y hasta se hace menos dolorosa la derrota en la guerra. Bonos agregados parecen ser la muestra de la sociedad y el acontecer diario del vivir trasandino, como se amparan en líderes y en simbolismos –ejemplo la Marsellesa cantada con la letra de la marcha peronista-, y por último, la linda sensación que da el fútbol de devolverle la sonrisa a un pueblo regado de tristeza. Algo que se mantiene hasta hoy.
“El penal más largo del mundo” es una crónica que puede ser reportaje periodístico o cuento fantasioso. Aunque de verdad da lo mismo, pues la prosa maestra de Soriano permite que sea cualquiera de las dos cosas. Descrito con una precisión asombrosa en minutos, momentos y lugares, detalla el instante preciso del nacimiento de un ídolo y de cómo surge de una situación extraña e inimaginable... Aunque posible. Obra de arte de principio a fin que retrata la concepción de un héroe mítico narrando su surgimiento, aventura y decaimiento (iniciación-prueba y regreso) tal como si tratase de un relato caballeresco. Todo ambientado en una final de campeonato regional que se suspende justo en el último minuto con un penal por patear que podría variar al vencedor. Pasan las horas y el penal se tira. Se termina el relato dos años después con el ocaso del ídolo del día del penal más largo.

